Advertencia: este es el tipo de consejo que no necesita el tipo de gente que lee este tipo manual. Quizá es un consejo muy minoritario y un poco arcaico, pero no está de más verle un poco las orejas al lobo.
Seguro que muchos os habéis percatado del notable deterioro que sufren algunos políticos después de ocupar un puesto de responsabilidad. Cuando les nombran ministros o presidentes parecen unos pipiolos dispuestos a comerse el mundo, y una legislatura más tarde parecen unos carcamales que no pueden con la vida.
Un fenómeno parecido se da también en algunos padres y madres (cada vez menos), que parece que estaban esperando a tener hijos para sufrir una repentina metamorfosis que les transforma en “personas mayores”, y abandonan con ella todo atisbo de sex appeal y coquetería.
Y no es que queramos convertiros en tíos y tías cañones, dispuestos a arrasar en cualquier parque o piscina de bolas. Para nada, ni siquiera es una cuestión principalmente de físico, pero sí que (al menos) se os reconozca como los mismos de “antes de”.
En el caso de las mamás es innegable que embarazo, parto y lactancia implican algunos cambios, pero no tienen por qué ser necesariamente a peor, y en ningún caso justifican la dejadez.
Si bien la propia advertencia ya es un consejo, vamos a tratar de concretar para hacer honor al presunto carácter didáctico de este manual (falacia que a estas alturas ya habrás desenmascarado, pero que como hacen los políticos antes mencionados, tenemos que mantener para guardar las apariencias).
El primer consejo para las mamás tiene que ver con la ropa de embarazada.
La ropa de embarazada, como su propio nombre indica, es ropa; y como su apelativo sugiere, es de embarazada. Vamos, que una vez desembarazada debería ir perdiendo protagonismo hasta cedérselo nuevamente a la ropa de antes de estar embarazada. Poco a poco, sin obsesionarse. Un buen truco es regalársela a esa prima que está de tres meses. Así te liberas de la tentación. Muerto el perro se acabó la rabia.
Lo mismo se puede aplicar al chándal, que mola, es cómodo, no aprieta, etc. pero está concebido para ir al “gym”, no de tapas.
El segundo consejo guarda relación directa con el primero: los antojos. Aunque su propio nombre no lo indique, los antojos también son de embarazadas. Y el magnífico argumento que te brinda el “comer por dos” deja de tener sentido cuando el segundo empieza a comer por sí mismo.
Piensa en el embarazo y la maternidad como en unas navidades a lo bestia, de las que hay que volver a la normalidad.
En resumen, no te descuides y sigue así de guapa.
En cuanto a los papás…
Si los cambios hormonales, la pesadez del embarazo y el esfuerzo del parto explican comprensibles alteraciones en la morfología de la madre, NADA, ABSOLUTAMENTE NADA lo justifica en el caso del padre.
Se ha llegado a observar que algunas mujeres que pasan mucho tiempo juntas pueden sincronizar sus periodos, pero nada, insisto, absolutamente nada justifica desde el punto de vista médico ni antropológico, que el macho de la hembra humana engorde durante el embarazo el mismo número de kilos o superior al de su pareja. Si comes por dos, si tienes antojos, si estás más vago o si te apetece salir en chándal, es porque tú quieres. No hay más.
Y lo de la barriga es quizá el síntoma más claro y visible de un proceso de “aseñoramiento” o de “ponérsele a uno cara de señor”, que no es lo mismo que envejecer. Envejecer es un fenómeno natural profusamente estudiado por la ciencia, pero como a los ratoncitos de laboratorio no se les ponía cara de señor, el “aseñoramiento” ha sido repudiado por los investigadores y no nos queda más remedio que especular.
No tiene que ver con la edad ni tampoco con una vida más o menos saludable. Al contrario, hay casos en los que el aseñoramiento coincide con el momento de cambiar la noche y los cubatas por la vida más ordenada que imponen los hijos.
Y así, el que ayer parecía un dj, un año después parece que trabaja en una gestoría. No es el físico, es el todo.
A los “machotes” que piensen que ya no necesitan estar atractivos porque con un bebé se liga más, recordarles que eso queda muy bien en las películas, cuando el papá es además modelo… y viudo.
Para ambos:
Quizá el mejor consejo, y el único medianamente serio de este impresentable capítulo, es que no cambiéis más de lo necesario, no perdáis la frescura, las aficiones, los sueños, las ambiciones. Y sobretodo pensad que hay alguien que os escruta con mucho más severidad que el espejo: son ellos, ¿cómo queréis que os vean?