¿Los bebés mejor vestidos de Gran Bretaña?

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Ayer corrieron ríos de tinta (quizá deberíamos decir cascadas de píxeles) en nuestra página de Facebook, a raíz de la noticia de una mamá inglesa con una particular fijación con la ropa de bebé.

Louise Hill viste a sus dos bebés mellizos con ropa carísima y siempre sin repetir dos días el mismo conjunto, como Carrascal con las corbatas. Así, en los primeros 100 días lleva gastados alrededor de 20.000€

Al descubrir la noticia, lo primero que se nos vino a la cabeza en Noñoño fue la necesidad de conseguir la dirección de esa mamá para enviarle un catálogo, ¡¡vaya chollo de clienta!! Pero después de ese momento de debilidad, logramos apaciguar nuestra ambición y nos dimos cuenta de que ella no es nuestra cliente ideal.

Primero de todo, porque incumple flagrantemente una de las promesas del mítico Juramento Noñoño: Prometo no llevar al bebé como si fuera un complemento de moda.

Juramento noñoño
Salta a la vista que esta chica tiene un trastorno relacionado con la moda y que hubiera sido más feliz si, en vez de mellizos, hubiera parido una colección de bolsos de marca.

Es una fetichista y sus bebés son partícipes involuntarios del trastorno de su madre, ¿no podría coleccionar muñecas antiguas para vestirlas y desvestirlas a su antojo? Si al menos lo hiciera con muñecos reborn… no será por dinero.

El segundo motivo por el que no la esperamos en Noñoño tiene que ver con el estilo. Como cabía imaginar, la ropa que escoge para sus bebés no es ropa cómoda, colorista y divertida. No. Esta mujer tenía que escorar necesariamente hacia el lado de lo ñoño, lo cursi, lo pomposo, lo rebuscado, lo incómodo, lo dieciochesco… lo normal.

Sí, lo normal, esto hay que admitirlo aunque duela: en la moda bebé lo raro es lo normal.

Si te olvidas de que son trajes de más de 200 € de primeras marcas, los de las fotos podrían ser los hijos de cualquier hijo de vecino (o lo que es lo mismo, los nietos de cualquier vecino), de los que te encuentras por cualquier calle, de cualquier ciudad española, cualquier domingo al mediodía, ¿o no?

Y lógicamente, con tanto volante, tanta camisita y tanto canesú, la madre reconoce: “Me paso cuatro horas todos los días arreglándoles antes de salir de casa”.

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Después de leer esto y de ver las fotos, ¿a quién no le entran ganas de que uno de los niños se cague encima y el pañal tenga una fuga?, ¿es de malas personas desear que Jacob meta distraídamente la manga en un tarro de mermelada olvidado junto a su capazo vizantino?, ¿o que Isabella reciba un cariñoso lametazo de su gran danés, dejando perdido el cuello bebé?

Todo esto nos ha hecho recordar el capítulo Una moda pasada de moda, del libro Padres no ñoños (Ed. Planeta). ¿Y qué mejor momento para compartirlo contigo? A cambio sólo te pedimos que compartas este post.

La noticia no deja de ofrecer sorpresas hasta el final: botellas de leche ornamentales cubiertas de cristales de Swarovski, peluches de 600 €, etc. Y la última y más positiva de todas, que piensan subastar varios de esos objetos y destinar la recaudación a la unidad de bebés prematuros del hospital donde nacieron los gemelos. Y esto está muy, muy bien, todo hay que decirlo.

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